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Ernesto Campos

Culto y Contable

¿En dónde está el héroe de Solna?

07-03-2017

Guanajuato, en el bajío mexicano, es un estado futbolero por tradición, a principio de la década del 2000 tenía tres escuadras en el Máximo Circuito con el León, el Atlético Celaya y el Irapuato, además los Petroleros de Salamanca disputaban la Primera División A.

Con esa afición comprobada, no es de extrañar que dos de sus escenarios estuvieran en la lista de sedes del Mundial 1986 aunque Irapuato ingresó en sustitución de Morelia, que no pude tener el Estadio Morelos a tiempo.

Los freseros nunca han sido campeones de la Primera División, y como decía, han desparecido en algunas etapas, pero cuenta con una casa con capacidad para 30 mil espectadores que pertenece en diseño a una familia muy especial. Los planos de su construcción se basan en los del Nou Camp de León, del Estadio Tamaulipas en Tampico y del Estadio Cuscatlán en El Salvador. Todos ellos, con algunas diferencias, son muy parecidos entre sí.

Su construcción exterior ha permitido que no haya estado abandonado en los peores momentos, pues en el espacio que existe debajo de las tribunas se han adaptado locales comerciales, por lo que lo mismo hay bares y restaurantes, que salones de fiesta infantiles, tiendas de pinturas o hasta farmacias.

Muchas veces las estatuas o monumentos en distintas ciudades ven pasar los años sin que muchos se enteren qué significan, por qué las pusieron o a quien honran. El estadio de Irapuato vive una de esas situaciones con la figura que se encuentra afuera, cerca de la entrada a las oficinas y vestidores.

En ella los vendedores ambulantes amarran los lazos para detener sus carpas y algunos aficionados dejan los envases de cerveza que no pueden ingresar al campo. No sé si sepan de quien se trata, o por qué se hizo merecedor de estar ahí.

Hasta el 11 de junio de 1958 la Selección Mexicana de Futbol sólo había acumulado derrotas en su participación en Copas del Mundo. Había acudido a tres y ya llevaba una derrota más en el torneo disputado en Suecia cuando enfrentó a Gales en la ciudad de Solna. 

Otra derrota parecía ser el resultado natural cuando al minuto 89 Jaime Belmonte anotó el empate que dio al Tri su primer punto en la máxima justa del futbol. Los cronistas lo apodaron “El Héroe de Solna” y es él quien fue homenajeado con su propia estatua afuera del estadio del equipo de sus amores, el Irapuato.

No es común que algunas memorias estén ocultas a simple vista y que la ignorancia vaya cambiando la veracidad de la historia, así que más por morbo le pregunté a un aficionado que iba llegando a un partido si sabía quién era el de la estatua me contestó: “El que metió el primer gol de México en mundiales”.

Dato erróneo pues ese fue Juan “Trompo” Carreño en Uruguay 30. No han pasado ni 100 años y la percepción ya movió al héroe y al lugar 28 años, además de a otro continente.

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